El refrán transmite la idea de que muchas veces las personas se reúnen solo mientras hay algo que les beneficia, en este caso la comida. Cuando el plato está servido, todos están presentes; en cuanto se termina de comer, la “compañía” desaparece y cada quien se va. Señala lo efímero de ciertos encuentros y cómo el interés material puede ser el verdadero motivo que los convoca.
Al mismo tiempo, funciona como advertencia: no siempre la presencia de otros indica afecto genuino. Puede servir para que el anfitrión o cualquier persona se detenga a reflexionar sobre quiénes permanecen cuando ya no hay nada que ofrecer. En síntesis, la frase muestra la fragilidad de los vínculos basados solo en la conveniencia y anima a buscar relaciones que se sostengan más allá de los beneficios inmediatos.
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Francisco de Quevedo 1580-1645. Francisco de Quevedo y Villengas. Escritor español.