Esta frase significa que una persona que siempre está apurada o siempre tiene prisa difícilmente puede considerarse como alguien civilizado. ¿Por qué? Porque la civilización implica una serie de características y comportamientos como la paciencia, la capacidad de reflexión, el respeto hacia los demás, entre otros.
Una persona que está apurada todo el tiempo, corriendo de un lado a otro sin detenerse a pensar en las consecuencias de sus acciones o sin considerar el impacto de sus comportamientos en los demás, no puede tener una conexión profunda con los demás ni un adecuado desarrollo de la empatía.
En cambio, una persona civilizada se toma el tiempo necesario para considerar las consecuencias de sus acciones, muestra respeto hacia los demás y es capaz de mantener una actitud tranquila y equilibrada incluso en situaciones estresantes.
La idea central aquí es que la prisa constante puede interferir en nuestra capacidad para ser civilizados, ya que nos impide tomar el tiempo necesario para actuar de manera reflexiva y considerada.
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Laure Conan 1845-1924. Pseudónimo de Marie-Louise-Félicité Angers. Escritora canadiense.