La frase afirma que el ser humano está compuesto por dos dimensiones distintas. La primera es la parte física, el cuerpo, que está sujeta al desgaste y finalmente muere; esa es la “parte mortal” que se extingue cuando llega la muerte. La segunda es un componente espiritual o esencial, llamado aquí “principio inmortal”, que no muere con el cuerpo.
Según esta idea, al producirse la muerte, lo único que desaparece es el cuerpo. Aquello que se considera la esencia, el alma o la conciencia permanece intacta y “se retira” a otro plano, libre de daño. En otras palabras, la muerte solo afecta a lo material, mientras que lo inmortal sigue existiendo y continúa su propio camino.
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"No está la felicidad en vivir, sino en saber vivir."
Diego de Saavedra Fajardo 1584-1648. Diplomático y escritor español.