La frase señala el poder que tiene compartir lo que nos duele. Cuando convertimos nuestros problemas en palabras, dejamos de cargar con ellos en silencio: los sacamos de la mente y el cuerpo, los miramos desde fuera y eso reduce su peso emocional. Al hablar, organizamos nuestras ideas, identificamos lo que sentimos y empezamos a darle sentido; esta claridad por sí sola ya disminuye la angustia.
Además, al contar nuestras desgracias a alguien de confianza recibimos comprensión, apoyo y, a veces, soluciones que no habíamos visto. Esa conexión humana activa la sensación de pertenencia y seguridad, lo que calma el sistema nervioso y nos permite recuperar recursos internos para seguir adelante. En resumen, expresarlas no elimina las desgracias, pero sí las hace más manejables y, por tanto, las alivia.
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"La capacidad de reír juntos es el amor."
Françoise Sagan 1935-2004. Escritora francesa.