La frase señala que, cuando todavía tienes aliento para manifestar tu queja, no has tocado el punto máximo del sufrimiento. El dolor, en su grado extremo, suele paralizar; a esa intensidad apaga la voz, la energía y hasta la capacidad de articular palabras. Por eso, el mero hecho de poder decir “me duele” implica que aún conservas cierta reserva de fuerza física o emocional.
Al recordarnos esto, la sentencia invita a relativizar nuestras quejas y a reconocer que, mientras exista esa pequeña porción de energía, también existe la posibilidad de actuar: pedir ayuda, buscar alivio o tomar decisiones que nos saquen de la situación. No pretende negar ni minimizar el dolor, sino subrayar que la queja misma es señal de que todavía queda un margen de poder personal que podemos emplear para movernos hacia el bienestar.
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Bertrand Russell 1872-1970. Bertrand Arthur William Russell. Filósofo, matemático y escritor británico. Premio Nobel en Literatura en 1950.