La frase nos recuerda que el paso del tiempo es imparable. Sin importar lo que esté sucediendo—problemas, alegrías, incertidumbre—los minutos y las horas siguen avanzando y el reloj no se detiene, ni siquiera en un día lleno de tormentas y nubarrones. Es una constatación sencilla pero poderosa: la vida continúa su curso constante.
Al mismo tiempo encierra un mensaje de esperanza. Los momentos difíciles, igual que las tormentas, son temporales; tarde o temprano cesan y dan paso a cielos más claros. Saber que el tiempo pasa puede reconfortarnos, porque implica que ninguna situación dolorosa es permanente y que siempre existe la posibilidad de un nuevo comienzo con el amanecer del día siguiente.
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"No está la felicidad en vivir, sino en saber vivir."
Diego de Saavedra Fajardo 1584-1648. Diplomático y escritor español.