La frase subraya que la cualidad más “sagrada” que poseemos es la voluntad, esa capacidad interna de decidir y actuar. Gracias a ella confirmamos quiénes somos y qué valores nos representan. Al ejercerla, moldeamos nuestro carácter: aprendemos a ser más firmes, honestos o valientes según las elecciones que hacemos cada día.
Esa misma voluntad nos permite enfrentar la adversidad, pues nos da la fuerza para intentarlo de nuevo cuando algo sale mal. Al esforzarnos, nuestro cerebro cambia y crea nuevas conexiones, lo que mejora nuestra forma de pensar y de reaccionar. En ese proceso nos superamos constantemente, convirtiéndonos en versiones más completas de nosotros mismos.
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"No está la felicidad en vivir, sino en saber vivir."
Diego de Saavedra Fajardo 1584-1648. Diplomático y escritor español.