La frase dice que, según la experiencia del autor, ninguna actividad resulta tan intensa y absorbente como perseguir a otros seres humanos armados, es decir, participar en la guerra o en combates donde hay peligro real. Esa caza de hombres pone en juego la vida propia y la del contrario, genera adrenalina al máximo y exige todos los sentidos alerta. Por eso produce una emoción muy fuerte, diferente a la que se siente en cualquier otro tipo de cacería o desafío.
El segundo mensaje es que quienes han vivido esa experiencia durante bastante tiempo y, además, descubrieron que les gusta, quedan marcados psicológicamente: todo lo demás les sabe a poco. Después de sentir esa mezcla de riesgo, poder y supervivencia, les cuesta encontrar interés en actividades normales. La frase no pretende justificar ni glorificar la violencia; más bien describe un efecto adictivo y perturbador que la guerra puede provocar en algunas personas.
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"No está la felicidad en vivir, sino en saber vivir."
Diego de Saavedra Fajardo 1584-1648. Diplomático y escritor español.