La frase advierte que los impulsos de nuestras pasiones —emociones intensas como la ira, el deseo, la euforia o el miedo— tienen la capacidad de “deslizar” o desplazar a la cordura, es decir, a la razón y al juicio equilibrado. Cuando esas fuerzas internas toman las riendas, la mente puede perder su estabilidad: pensamos menos, reaccionamos más y se difumina la claridad que normalmente guía nuestras decisiones.
El “riesgo de perderse” alude a extraviarse de uno mismo: actuar de forma contraria a nuestros valores, generar conflictos innecesarios o tomar decisiones de las que luego nos arrepentimos. En esencia, la frase invita a reconocer la potencia de las pasiones y a ejercer autoconciencia y autocontrol, para que la emoción sea una consejera y no una tirana que nos arrastre fuera del camino.
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"No está la felicidad en vivir, sino en saber vivir."
Diego de Saavedra Fajardo 1584-1648. Diplomático y escritor español.